Cuando cruzas las puertas del All England Club, la blancura de los uniformes de tenis y la hierba verde perfectamente cortada son lo primero que notas. Sin embargo, Wimbledon es mucho más que un torneo deportivo: es un evento social de élite, un fenómeno cultural británico y un verdadero festín para todos los sentidos.
Y ese festín sería absolutamente inimaginable sin dos símbolos gastronómicos indiscutibles: fresas rojas perfectas cubiertas de nata fresca y champán frío y burbujeante.
¿Por qué fresas? Una historia que se remonta a 1877
La tradición de servir fresas se remonta al primer torneo celebrado en 1877. La razón de esta combinación fue muy práctica: la corta temporada de maduración de las fresas en Inglaterra coincidía perfectamente con las fechas del torneo. En la época victoriana, las fresas eran un símbolo de estatus, y servirlas junto al tenis se consideraba el pináculo del entretenimiento veraniego de la alta sociedad.
Hoy en día, el proceso de llevar fresas a Wimbledon representa una increíble operación logística. Cada fresa que se sirve en el torneo proviene exclusivamente de granjas del condado de Kent. La cosecha comienza temprano en la mañana, antes del amanecer (alrededor de las 4:00 a.m.). A las 5:30 a.m., las cajas llegan a las instalaciones del All England Club, donde se clasifican a mano, se les quita el tallo y se preparan para los visitantes.
Aquí están los números fascinantes que mejor ilustran el apetito del público del tenis en Londres:
Champán y Pimm’s: El sabor del verano inglés
Mientras que las fresas son la comida por excelencia, la bebida oficial de Wimbledon es un sinónimo absoluto de lujo. Los británicos son conocidos como algunos de los mayores consumidores de champán del mundo, y el Grand Slam de Londres es el lugar perfecto para demostrar esa estadística. Junto a cada caja de fresas, los corchos saltan constantemente en las gradas, en las carpas de Hospitality y en la famosa «Henman Hill» (o Murray Mound).
Además del champán, es imposible no mencionar la Pimm’s No. 1 Cup, un licor tradicional inglés a base de ginebra, que se sirve como un cóctel refrescante de verano mezclado con limonada, menta fresca, pepino, naranja y, lo has adivinado, trozos de fresa. Con más de un cuarto de millón de vasos vendidos en solo dos semanas, Pimm’s es definitivamente la encarnación líquida de Wimbledon.
Un precio que desafía a la inflación
Lo que representa un verdadero fenómeno en el deporte moderno es la política financiera de Wimbledon con respecto a sus fresas. En un mundo donde los precios en los eventos deportivos se disparan año tras año, el All England Club tomó la decisión consciente de mantener el precio de una porción con un mínimo de 10 fresas perfectas con nata en exactamente £2.50. Este precio se ha mantenido inamovible desde 2010.
Los organizadores asumen conscientemente una pérdida financiera en este producto, sabiendo que las fresas no son solo un tentempié, sino una experiencia y parte de la identidad que hace que los espectadores de todo el mundo regresen cada año. Es ese toque distintivo de la elegancia inglesa que nos recuerda que en Wimbledon, algunas cosas, como el respeto a la tradición, están simplemente por encima del dinero.
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