Mientras que en el US Open o Roland Garros los jugadores compiten por llevar la equipación más inusual, colorida y provocativa, Wimbledon sigue siendo un oasis de uniformidad absoluta. La blancura que cubre las pistas del All England Club no es solo una elección estética: es una de las reglas deportivas más estrictas del mundo, aplicada por todo un ejército de oficiales del torneo.
Pero, ¿por qué el blanco y cómo ha logrado sobrevivir hasta 2026 una regla que parece tan anticuada?
Todo empezó por culpa del… sudor
Las raíces de esta regla nos remontan a la década de 1880, en el corazón de la sociedad victoriana británica. En aquella época, el tenis era un evento social reservado exclusivamente para la aristocracia y la clase alta. Las reuniones eran una oportunidad para socializar, y el juego requería un esfuerzo físico que inevitablemente provocaba sudoración.
En la estricta sociedad de entonces, las manchas de sudor en la ropa se consideraban extremadamente inapropiadas y vulgares (especialmente en las mujeres). Como el sudor era más visible en la ropa de color, se adoptó una solución práctica: todos los participantes debían vestir de blanco, ya que el «blanco de tenis» ocultaba mejor los signos de esfuerzo. Lo que comenzó como una regla de cortesía del siglo XIX se incluyó oficialmente en el reglamento en 1890.
Cuando «predominantemente blanco» se convirtió en «casi completamente blanco»
Es interesante notar que hoy en día las reglas son mucho más estrictas que hace unas décadas. En los años 70 y 80, los jugadores lograban colar colores pastel, cintas coloridas y logotipos llamativos. Sin embargo, en 2014, los organizadores decidieron frenar las tendencias modernas y emitieron un decreto que no deja lugar a la interpretación.
Hoy en día, la equipación debe ser «casi completamente blanca». Solo se permite un ribete de color alrededor del escote o las mangas, y no puede tener una anchura superior a exactamente un centímetro (10 milímetros). La regla se aplica a absolutamente todo: gorras, muñequeras, cintas para el pelo, cordones, ¡e incluso las suelas de las zapatillas!
A lo largo de la historia, muchos han intentado desafiar esta regla, lo que ha provocado graves controversias:
La igualdad por encima de los millones de los patrocinadores
¿Por qué Wimbledon, a pesar de la presión de las grandes marcas deportivas como Nike y Adidas, se niega a abandonar esta regla? La respuesta está en la filosofía del torneo: en Wimbledon, el jugador y el torneo siempre son más grandes que la marca.
Cuando se visten de blanco, el jugador de la fase previa con el ranking más bajo y un multimillonario con 20 títulos de Grand Slam se ven exactamente iguales. El código de vestimenta borra las diferencias, elimina el «circo» de anuncios coloridos en la Pista Central y centra la atención del público en lo que realmente importa: el arte puro de jugar al tenis sobre la hierba más perfecta del mundo.
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