Abierto de Australia 2026: Resumen del Día 13 — Dos semifinales a cinco sets abren el camino hacia una final de ensueño

El Día 13 en Melbourne Park ofreció una de esas raras jornadas de Grand Slam que recuerdan por qué el tenis, en su máximo nivel, sigue siendo inigualable. Dos semifinales masculinas, dos batallas a cinco sets, más de diez horas de tenis en total — y una final que ahora parece inevitable más que accidental.

La experiencia, la resistencia y la fe terminaron marcando la diferencia, ya que Novak Djokovic y Carlos Alcaraz sobrevivieron a auténticos maratones para asegurarse su lugar en la final del Abierto de Australia.


Djokovic sobrevive a Sinner tras oportunidades perdidas y una presión constante

La victoria de Novak Djokovic sobre Jannik Sinner no fue una demostración de dominio, sino un ejercicio de pura supervivencia.

Sinner golpeó primero, dictando los intercambios iniciales con un servicio explosivo y golpes pesados desde el fondo de la pista, llevándose el primer set respaldado por una avalancha de aces y una clara ventaja en tiros ganadores. Djokovic, inusualmente errático en los primeros compases, tuvo dificultades para igualar el ritmo y la precisión del italiano.

El punto de inflexión llegó en el segundo set. Djokovic redujo su número de errores no forzados, aumentó sus subidas a la red y finalmente encontró ritmo al resto. Un break crucial le dio el control, y cerró el set para igualar el partido — una vez más, recordando que ante Djokovic, las oportunidades desaprovechadas rara vez quedan sin castigo.

El patrón se repitió en el quinto set. Sinner generó ocasión tras ocasión, consiguiendo múltiples bolas de break que podrían haber inclinado el partido de forma decisiva a su favor. Cada vez, Djokovic respondió con una compostura inquebrantable, manteniendo su servicio bajo una presión constante. El momento decisivo llegó en el séptimo juego, cuando Djokovic logró finalmente el break, tomando el control y sin volver a soltarlo.

Tras más de cuatro horas de batalla física y mental, Djokovic sirvió para cerrar el partido y asegurar su lugar en otra final del Abierto de Australia — demostrando una vez más que su resiliencia marca la diferencia cuando los márgenes son mínimos.


Alcaraz resiste ante Zverev en un maratón inolvidable de cinco horas

Si el Djokovic–Sinner fue una prueba de nervios, el duelo entre Carlos Alcaraz y Alexander Zverev fue un examen de resistencia.

Desde los primeros juegos, el partido se desarrolló como una lucha física y táctica, con ambos jugadores intercambiando golpes pesados y negándose a ceder terreno. Alcaraz se adjudicó el primer set por un margen muy estrecho, en un parcial equilibrado en prácticamente todos los parámetros estadísticos.

Zverev respondió con agresividad en el segundo set, logrando el primer break y pareciendo listo para igualar el marcador, solo para que Alcaraz reaccionara y forzara un tie-break — que el español ganó con su intensidad característica. Sin embargo, el partido estaba lejos de terminar.

El tercer y el cuarto set siguieron un guion casi idéntico: juegos de servicio muy disputados, una lluvia de aces y tie-breaks decididos por pequeños detalles. Esta vez, Zverev se impuso en ambos, llevando el encuentro a un quinto set que ya había superado las cinco horas de duración.

Zverev golpeó primero en el set decisivo, rompiendo el servicio y confirmándolo, pero Alcaraz se negó a rendirse. El español salvó bolas de partido, recuperó el break en el tramo final y luego firmó una última aceleración espectacular — rompiendo el saque una vez más para completar una de las remontadas más dramáticas de su joven carrera.

Alcaraz terminó el partido con más puntos ganados en total, pero fue la creencia, más que los números, la que finalmente lo llevó a la victoria.


Dos generaciones, una sola final

La final del Abierto de Australia ofrece ahora un relato tan familiar como irresistible.

Novak Djokovic, una vez más persiguiendo la historia en Melbourne Park, vuelve a ocupar el papel que ha desempeñado tantas veces — el último obstáculo entre una nueva generación y un triunfo definitorio.

Al otro lado de la red estará Carlos Alcaraz, representante del ascenso imparable de la juventud, del juego sin miedo y de una confianza forjada precisamente en batallas como la que superó en este Día 13.

Ambos jugadores llegan a la final llevados al límite. Ambos han demostrado su capacidad para resistir, adaptarse y responder bajo una presión extrema. Lo que espera el domingo no es simplemente una final, sino un choque de eras — una construida sobre la longevidad y la experiencia, la otra sobre la explosividad y una fe inquebrantable.

Después de un Día 13 como este, el escenario no podría estar mejor preparado.

👉 Para un contexto más amplio antes de la final femenina, lee nuestra previa del Abierto de Australia 2026: Día 14.

Inside Rod Laver arena

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